La noche pasa profana.
Solo
queda la premonición de los astros,
esos
habitantes extraños.
Mientras
el jefe de tribu mira impaciente la luna,
Y
las caras de su gente se llenan de un asombro especial.
En
el panteón,
los
muertos están jugando en los bosques,
con
otros animales.
juegan
a que no han muerto y que los están buscando
Todo
eso hace del corazón un oráculo.
Hacen
que los latidos hagan múltiples señales,
que
le dicen
cuando
el enero inventara los ojos de los olvidados,.
cuando
las cosechas traerán el hambre de los pueblos.
Cómplices
de la nocturnidad,
la
tribu tiene el alma hecha de ramas y árboles.
Mientras
los astros a lo lejos conjuran el destino.
Yo
sueño que ellos dirigen secretamente el mundo,
y
lo van construyendo a través de los siglos.
Porque
ese es su destino.
Ser
Mensajeros de la muerte,
como
lo fueron
para
los primeros hombres.
Cromagnon,
nermentahl, profecia de piedra,
Venus
de stotenehengue, caldeos, asirios y egipcios,
Incas,
mayas, paracas, piedras en silencio,
esculpido
el dolor, griegos y caral.
Piedras
que hablan y cantan.
Esta
en el alma de las piedras, la ofrenda más sagrada.
Y
la tribu lo sabe.
Por
eso depositan sus sueños en ellas
Las
estaciones abandonadas,
y
los soldados robando las horas
antes
de disparar con el fusil.
Y
Todo eso, ya lo sabía esa tribu.
Y
esos minutos sin esperanza
de
este nuevo siglo,
que
amanece sobre el ordenador.
Los
astros esos eternos mensajeros de los dioses.
Si,
ellos lloran en azul,
y
convierten al universo en una fogata,
la
misma que ahora alumbra a la tribu.
El
jefe ó chaman, invoca a los demonios ahora,
para
morir en gris en medio de la batalla,
mientras
la muerte espera como una amante,
el
resultado de la batalla.
La
amante eterna y nocturna.
Los
astros han dicho que la tribu debe matar y remendar
el
alma a pedazos
Signos
y estrellas en el cielo,
como
el parir de los hospitales.
El
nacer y morir de un amor
en
aquellos ojos.
Lo
que quiero decir, es que con ellos, los antiguos sacerdotes
y
jefes de tribu forjaron el corazón de los hombres.
Y
les contaban a los niños,
a
la primera humanidad,
cuando
la noche, era aun pálida
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