miércoles, 31 de agosto de 2011

En las tribus (prosa poética)

La noche pasa profana.

Solo queda la premonición de los astros,
esos habitantes extraños.
Mientras el jefe de tribu mira impaciente la luna,
Y las caras de su gente se llenan de un asombro especial.

En el panteón,
los muertos están jugando en los bosques,
con otros animales.
juegan a que no han muerto y que los están buscando

Todo eso hace del corazón un oráculo.

Hacen que los latidos hagan múltiples señales,
que le dicen
cuando el enero inventara los ojos de los olvidados,.
cuando las cosechas traerán el hambre de los pueblos.

Cómplices de la nocturnidad,
la tribu tiene el alma hecha de ramas y árboles.

Mientras los astros a lo lejos conjuran el destino.
Yo sueño que ellos dirigen secretamente el mundo,
y lo van construyendo a través de los siglos.
Porque ese es su destino.

Ser Mensajeros de la muerte,
como lo fueron
para los primeros hombres.

Cromagnon, nermentahl, profecia de piedra,
Venus de stotenehengue, caldeos, asirios y egipcios,
Incas, mayas, paracas, piedras en silencio,
esculpido el dolor, griegos y caral.
Piedras que hablan y cantan.

Esta en el alma de las piedras, la ofrenda más sagrada.
Y la tribu lo sabe.
Por eso depositan sus sueños en ellas

Las estaciones abandonadas,
y los soldados robando las horas
antes de disparar con el  fusil.
Y Todo eso, ya lo sabía esa tribu.

Y esos minutos sin esperanza
de este nuevo siglo,
que amanece sobre el ordenador.

Los astros esos eternos mensajeros de los dioses.
Si, ellos lloran en azul,
y convierten al universo en una fogata,
la misma que ahora alumbra a la tribu.

El jefe ó chaman, invoca a los demonios ahora,
para morir en gris en medio de la batalla,
mientras la muerte espera como una amante,
el resultado de la batalla.
La amante eterna y nocturna.

Los astros han dicho que la tribu debe matar y remendar
el alma a pedazos

Signos y estrellas en el cielo,
como el parir de los hospitales.

El nacer y morir de un amor
en aquellos ojos.

Lo que quiero decir, es que con ellos, los antiguos sacerdotes
y jefes de tribu forjaron el corazón de los hombres.
Y les contaban a los niños,
a la primera humanidad,

cuando la noche, era aun pálida

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