Esos astros puros de la noche
Esos
astros puros de la noche
en
los viernes azules, controlan el corazón.
Con
su luz blanca y salvaje,
se
convierten en el leguaje de todas las cosas.
Con
sus lenguas, con sus mil lenguas nuevas,
verdes,
amarillas y rojas.
nos
inventan todos los días.
De
ellos solo somos los desheredados.
Nos
van dejando la nocturnidad del mar,
nos
van dan dejando la alegría gastada,
el
dolor profano.
¿Acaso
somos la humanidad, agonía
de
la luna y sus huérfanas palabras?
Esos
astros tocan el aire, lo desgastan,
como
hoy por ejemplo.
Dejando
en las almas de los planetas
atrapados
nuestros nombres.
A
veces esconden en nuestros ojos
En
los espacios azules, lo que le quitaron a los dioses
Esperando
a que nosotros escribamos,
con
el barro de nuestros días.
Cada
día, en la oficina.
En
el supermercado.
En
el paradero.
En
la universidad.
En
la escuela.
En
la calle.
En
la acera.
En
cada oxidado espacio de oxigeno
que
tomamos.
Nuestros
días tan nuestros
y
tan ajenos a la vez.
Y
es que los dioses nos quitan la vida
para
recuperar lo que les quitaron esos astros.
Les
quitaron.
La
alegría.
El
odio.
La
maldad.
El
deseo.
La
tristeza.
Los
sueños.
La
ira.
La
muerte.
El
latir.
En
el cielo brotan ósculos salvajes.
Son
los dioses que se juntan,
tratando
de procrear una nueva humanidad.
0 comentarios:
Publicar un comentario